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jueves, 14 de junio de 2012


Filósofo de etiqueta.
Durante el curso pudimos darnos cuenta de la multiplicidad de imágenes que hay de los filósofos, desde el ya clásico fumador de marihuana Véase huevo cartoon, pasando por el erudito enclaustrado Véase Sophie Bassouls  hasta el súper héroe Véase philosophical Powers , vimos  como lo que en un inicio fue “la imagen del filósofo” se convirtió en las imágenes del filósofo ya que la mayoría partían de enfoques diferentes y algunas mostraban aspectos que no siempre han sido tratados o no son tan populares; pero en general, todas estas formas  buscan darle al filósofo una identidad, un sitio dentro la sociedad. Algunas de las formas que observamos son graciosas, misteriosas, ridículas, sobrias, etc.  pero lo que de  común tienen a mí parecer son tres aspectos:  
  • 1.       El filósofo es alguien que tiene mucho conocimiento.
  • 2.       Está en un ámbito de realidad diferente al resto de  la sociedad, es “raro”.
  • 3.       Es una persona solitaria.
Bajo estos tres supuestos, me pregunto ¿qué tanto los filósofos estamos comprometidos con un ideal del filósofo? ¿Cuáles son nuestros límites? Y ¿Qué tanto estamos dispuestos a aceptar nuevas conductas y modelos  de pensamiento?
Si bien, no generalizo, sí observo una tendencia (al menos dentro de la institución en la que nos encontramos) de repetir estereotipos  como las arriba mencionados; entre los filósofos suele haber un rechazo hacia lo diferente, en este caso hacia lo “normal” u ordinario, este rechazo es reflejo de la carga conceptual que se trae arrastrando y que dictamina la diferencia entre El Filósofo y todo lo demás.
Haciendo recuento de clases pasadas tomo el siguiente ejemplo: ¿Qué pasaría si una chica vestida de manera provocativa (al estilo Jessica Rabbit) llega al salón de clases y dice ser filósofa? ¿Le creeremos? ¿Estaríamos dispuestos a aceptarla?  Este es quizá un mal ejemplo, pero lo que quiero mostrar es cómo dentro del ámbito filosófico existen posturas que confían en que para ser filósofo hay que tener ciertas características infranqueables o de lo contrario, no puede llamarse tal, pero ¿qué hay de los filósofos que reconocen que no saben, ni mucho ni  de todo, o que no proclaman ser el tope del mundo? ¿O que simplemente no buscan la soledad?
La llamada crisis del filósofo a la que nos enfrentamos me parece que es más bien una transformación, una nueva forma de hacer filosofía y ser filósofo, que involucra volver a pensar qué somos y reinventarnos.  En este sentido es de gran ayuda ver cómo nos miran aquellos no tan cercanos a la filosofía y qué tanto nosotros fomentamos ciertas maneras de ser (acartonadas o no) y para qué.

Elaborado  por: Paulina Ramírez 

lunes, 11 de junio de 2012

La frivolidad y la grandeza del quehacer filosófico (II)


El respiro de la inteligencia: la construcción de un nuevo quehacer

 «Vanidad de vanidades, todo es vanidad»
Eclesiastés 1:2

La escritora Yazmina Reza en su libro En el trineo de Shopenhauer nos advierte que: “la frivolidad es una respiración de la inteligencia; es el oxígeno de la mente”.  Esta consideración plantea algo que contradice lo que habíamos señalado en la reflexión anterior. Se señala entonces que la actitud reflexiva e intelectual del filósofo no lo hace ser una persona frívola, por el contrario, Reza nos indica que éste necesita serlo. Esta escritora expresa que la frivolidad  procede de la adquisición y el disfrute efímero de las cosas materiales, pero además, que ésta es un remedio para el afán del intelecto que es controlador e imparable, y por lo tanto, dañino. De modo que esta idea evidentemente se relaciona con la asunción de que alguien es frívolo cuando asume problemas o situaciones de forma superficial o infundada.

En su libro, esta escritora nos describe como Ariel Chipman, profesor de filosofía, tras haberse consagrado por más de treinta años al saber, cae en una terrible crisis, una terrible depresión. Es entonces cuando Chipman se pregunta: “por qué truco de magia un cerebro espera lo que es incapaz de recibir, un cerebro que durante treinta años, servilmente y como loro, ha consolidado un templo donde nadie delira, ni llora, ni se pierde, un cerebro blindado digamos contra la debilidad, nos dejamos embaucar por maestros, hacemos progresos en los laberintos creyendo que se trata de la felicidad del espíritu, hasta el día en que de repente nada se sostiene”. De esta manera Reza hace una crítica sobre cómo el filósofo determina su existencia y el conocimiento de la vida únicamente a través de una actitud reflexiva y de las pautas o explicaciones que ésta propicia. Y es así como llega la desafiante pregunta: ¿Es la filosofía la única manera de encontrarle sentido a la vida? (considerando que la filosofía sólo implica una actividad meramente intelectiva). Chipman nos advierte: “Digan lo que digan, Spinoza no ayudó demasiado a mi maestro Deleuze cuando éste se tiró por la ventana, ni a mi maestro Althusser cuando estranguló a su mujer antes de ornarla con un trozo de cortina roja”. Por tanto, este libro nos permite cuestionarnos sobre lo peligroso que puede ser llevar la vida sólo desde un punto de vista intelectual. El peligro de sumergirnos en la soledad, sufrirla y sólo intentar entenderla y vivirla mediante razonamientos y profundas reflexiones. 

No obstante, al leer este libro sucedió algo que me hizo sentir inconforme. Éste nos plantea algo sobre lo que ya se ha escrito mucho y se ha comentado hasta el cansancio: no hay ningún conocimiento ni discurso completo, último y asequible que nos de los elementos suficientes tanto para entender la realidad como para controlar cada situación o cada sentimiento. Hemos admitido muchas veces que los filósofos solemos apartarnos del mundo y de los otros a precio de algo más noble y auténtico: el saber y la búsqueda de la verdad. Todos nos hemos reído con la famosa anécdota de Tales cayéndose por estar contemplando las estrellas. Anécdota muy conocida tanto por los filósofos como los no filósofos. Pero si el chiste que se cuenta dos veces deja de tener gracia, el que se cuenta mil veces más ya ni sentido tiene. Sin embargo, me parece conveniente cuestionarnos sobre la frivolidad como remedio a los males del intelecto considerando lo que se señaló en la reflexión anterior. Así pues, surgen inevitablemente varias preguntas: ¿no habíamos reconocido tantas veces lo pernicioso de la frivolidad?, ¿qué tanto mal puede provocar?, ¿no era desde el principio uno de nuestros peores enemigos a vencer?, ¿las maneras en que hemos intentado combatirla habrán sido las correctas?, ¿hasta qué punto sería pertinente ser frívolos? Tal vez se siguen y se seguirán planteando tantas preguntas por ese afán controlador del intelecto que nunca cesa, que quiere y siente que siempre puede hallar no sólo algo nuevo sino lo mejor.

Por otra parte, creo que sabemos muy bien que hay discursos e ideas que hacen lucir bien; claro, unos mejor que otros. Quizás por ello nos inclinamos a identificarnos con ciertas representaciones sobre nosotros. Sabemos que la popularidad  y el seguimiento de ciertas ideas o pensamientos se determina en ocasiones por sus virtudes, pero también por la fama y el reconocimiento que tienen, y que no siempre está ligado a su pertinencia o su valor. De alguna forma, los filósofos tratamos de refinar nuestro gusto intelectual estudiando o siguiendo a autores o ideas que son aceptadas y enaltecidas en distintos grupos sociales, tanto en el ámbito filosófico como el no filosófico. También creo que nos es evidente que en muchas ocasiones ciertos saberes o posturas intelectuales nos brindan o propician placeres efímeros, y placeres que útilmente nos controlan o controlan a los demás. Es por todo esto que ahora pienso que el escaparate de zapatos que describe Reza como respiro de la inteligencia no es tan diferente a un escaparate de ideas, discursos o razones.

Ahora bien, como se señaló en la primera reflexión, el curso partió del supuesto de una crisis en la imagen del filósofo. Puede ser que esta crisis esté a la par de una crisis sobre el quehacer del filosofo, de su carácter solitario y a este afán del intelecto imparable, y en ocasiones, frívolo. También es posible que los males del intelecto surgen del seguimiento de esa actitud seria e implacable. Pese a que nos guste y nos identifiquemos con la imagen de hombres solitarios y perseverantes en la búsqueda de conocimiento, es necesario que reconozcamos que esto nos hace en ocasiones peligrosamente inalcanzables para los demás e incluso para nosotros mismos, pues como bien detecta Reza, siempre llega el día en que esto se desmorona, pues el mundo no sólo responde a ideas y razones. Creo que un proyecto como el que realizamos en el marco del curso de Problemas de Historia de la Filosofía puede producir nuevas posturas sobre nuestra actividad, y así suscitar respuestas sobre la crisis de la que partimos. Asimismo, concluimos que el objetivo del curso se cumplió a pesar de que hubieron muchos detalles que se pudieron desarrollar de mejor manera, pero aún así creo que trazó un importante camino que se desvincula de ese carácter solitario, serio y frívolo que a veces tiene nuestra actividad filosófica.



La frivolidad y la grandeza del quehacer filosófico (I)


El quehacer del hombre solitario y la seriedad ante la búsqueda del conocimiento

«El hombre solitario es una bestia o un dios»
Aristóteles


El curso de Problemas de Historia de la Filosofía se desarrolló bajo la propuesta de reunir elementos que representaran la imagen del filósofo desde la mirada de otros, y no desde los propios filósofos. Esto debido a que se partió del supuesto de que la imagen del filósofo actualmente está en crisis en todo el mundo. Por lo tanto, se planteó la tarea de reunir diversas representaciones en distintos formatos, para vislumbrar cuál es y cuál ha sido la imagen social del filósofo en los últimos cien años, así como cuáles son los prejuicios y asunciones que se tienen sobre su actividad. Esta tarea se conjugó a la par de varias discusiones realizadas en clase sobre los elementos e ideas que surgían gracias a nuestras investigaciones.

Dos preguntas que estuvieron presentes todo el tiempo fueron las siguientes: por un lado, ¿cuáles son las ideas que recurrentemente tenemos los filósofos de nosotros mismos?, y, por otro, ¿cuáles son las ideas que tienen recurrentemente los no filósofos sobre nosotros? Pocas semanas después de iniciar el proyecto, pudimos detectar que la mayoría nos habíamos inclinado a buscar y encontrar elementos que representaban a los filósofos más populares y reconocidos del siglo XIX y del siglo XX, como Nietzsche, Wittgenstein o Sartre. Asimismo, descubrimos que, o bien, nos enfocábamos en buscar representaciones de filósofos famosos, o bien, imágenes que mostrarán al filósofo de forma positiva. Fue así como admitimos que los filósofos solemos preferir entre todas las imágenes y representaciones que hay de nosotros a aquella imagen que nos muestra como grandes hombres dedicados al saber sobre el sentido de la vida y la existencia; esa imagen que nos muestra con una actitud reflexiva y erudita. Además, aceptamos que siempre solemos expresar que esa actitud es para nosotros, no sólo la mejor de todas, sino que es la mayor de la virtudes. De modo que para los filósofos resulta indudable que la filosofía es la mejor, y tal vez la única manera, de encontrarle sentido a la vida. Así pues, es importante detectar de qué forma se realiza nuestro quehacer. 

Por lo anterior, descubrí dos cosas que son recurrentes en las representaciones que logramos recolectar. Primero, el quehacer del filósofo es representado como una actividad solitaria, y segundo, el filósofo es constantemente representado con esta actitud reflexiva, denotando seriedad y pasividad. Por ejemplo, podemos ver que la mayoría de las fotografías  e imágenes que se encontraron, muestran al filósofo con gestos serios, en posturas rígidas, y casi siempre sólo en compañía de sus libros o de objetos que a su vez ayudan a expresar una postura formal, pasiva y distante.

Se suele considerar que alguien es frívolo cuando asume problemas o situaciones de forma superficial o injustificada, pero también, o bien, cuando asume el sentido de las cosas sólo en función de su beneficio o de que éstas lo hagan ver bien ante de los demás, o bien, cuando intenta demostrar su independencia o mayor importancia respecto al otro. De cualquier forma es claro que esto trae muchas dificultades, principalmente, la desvalorización o falta de respecto hacia el otro, o hacia lo que simplemente no es propio.

Tomando en cuenta esto, pienso que quizás la crisis en la imagen del filósofo tenga que ver con una crisis en el propio quehacer filosófico. Una crisis que deviene de identificarnos con ese carácter solitario y serio, que propicia en ocasiones, una actitud frívola ante el mundo. Una frivolidad que deviene de situarnos en un lugar privilegiado ante el conocimiento de las cosas. Esta identificación se nutre de muchas tradiciones a lo largo de la historia de la humanidad, desde el ideal cristiano que enaltece la soledad y la seriedad como requisito para comunicarse con la divinidad, hasta la postura romántica encontrada en varios autores del idealismo alemán, que consideran que la soledad es de alguna forma un espacio vital y necesario para entender el mundo y sus designios. 

Por lo tanto, lo siguiente sería reflexionar dos cosas: por un lado, preguntarnos si queremos o necesitamos de esta actitud en nuestro quehacer y por qué, y por otro, pensar qué respuestas podríamos dar ante tal señalamiento sobre nuestra posible frivolidad. Si nuestro objetivo era hallar elementos que puedan explicar la crisis en la imagen del filósofo, no podemos dejar de pensar y cuestionar todas las cosas que nos hacen ser lo que somos, sean positivas o negativas.


Reflexión Parte II

Si el siglo XX ha modificado las exigencias, la apariencia y los móviles no sólo del mundo y los hombres en general sino también del filósofo como expresé al final de la primera parte de mi reflexión, eso puede conducirnos no sólo a comprender porque el filósofo hoy en día se ve consagrado en su obra escrita de tal modo que “el que no produce no vende”. Sino que  también nos permite comprender el por qué de la necesidad de hacer una imagen comercial y divertida de los descendientes de Sócrates, al parecer podríamos pensar que no sólo el que no escribe no es ya hoy día digno de ser nombrado filósofo ya que dentro de los contenidos del blog la imagen del filósofo no sólo se ve convertida en la imagen de un erudito sino también en la imagen de un personaje que debe acoplarse a las modas actuales, debe vender  en las librerías y en el mercado con una imagen graciosa y osada.
            Es por ello que hoy el día el filósofo y su quehacer no sólo nos llega en textos sino también en artículos de uso diario o coleccionables, por ejemplo, el filósofo que se vende en la imagen o en frases de playeras como por ejemplo la playera de Hello Nietzsche en donde un aspecto físico característico del pensador alemán se ve caricaturizado con la mezcla de un personaje de caricatura actual
(véase Imagen), de ese modo se ve cómo el filósofo se ha puesto al servicio de lo que vende, de aquello que lo pueda hacer más popular y lo pueda hacer un personaje más cercano al resto de los habitantes del mundo capital marcando una serie distancia con la imagen de un filósofo ensimismado.
Otro ejemplo de la imagen del filósofo en  siglo XX a partir de las transformaciones del mundo es  el filósofo caricaturizado y coleccionable con el cuál no sólo puedes vivificar a clásicos del pensamiento sino que también puedes jugar con ellos mientras desarrollas una plática filosófica con tus amigos.(véase  Imagen).
Finalmente, otro aspecto de la búsqueda de la popularización y la venta de la imagen y las teorías del filósofo se manifiestan en los cómics pues es en ellos en los que los jóvenes pueden acercarse de un modo diferente y más vivencial a la imagen del intelectual, el filosofo no sólo vende en el siglo XX en la producción de sus textos sino también en el número de tirajes de los cómics que los reflejen. Un ejemplo de ello es el cómic de, Ryan Dunlavey y  Van Lente  titulado Action Philosophers en  Estados Unidos en el año 2004.
(véase Imagen)
En conclusión, aunque podríamos dar un sinfín de imágenes del filósofo desde una postura de erudito, escritor, modelo y personaje a la moda, también puede verse como una caricatura como un personaje de colección o una marioneta lo que creo que termina por ser un autentico reflejo de que “al lugar donde fueres haz lo que vieres”, es decir, la imagen del filósofo también se va modificando según modas y según el transcurrir del tiempo, ahí puede radicar también la permanecía del filósofo a través del tiempo e inserto en el siglo XX. 


Elaborado por Marlene 

domingo, 10 de junio de 2012

¿Filósofo es el que hace filosofía? Parte 3

En la última parte, dejamos la pregunta por Pao Cheng en el aire. ¿Es Pao Cheng un filósofo? Nuevamente tendremos que posponer la respuesta y enfrentarnos, antes, con el sinsentido al que lleva llamar filósofo a todo aquel que diga cosas "profundas": Osho.
En un principio, me proponía hacer un análisis del video de Osho (por cierto, marca registrada de CDs, DVDs en el campo de educación, filosofía y ciencia) y descomponerlo en partes y analizarlas. Pero, porque aprecio bastante mi cordura sólo me limitaré a señalar que entre contradicciones y suspiros, Osho nos revela que su forma de vida no sería filosofía sino philosia, puesto que no se trata de un amor por el pensamiento en tanto la Verdad (que por cierto él parece asumir que la posee) no se puede pensar, sino sólo ver. Añade que no le gustaría que se llame alguna vez a su forma de vida filosofía. Tal vez debió informar de esto a su equipo de mercadotecnia antes de que registraran su marca. Uno sólo puede desear que el hecho de que la gente lo llame filósofo y lo incluya dentro de la "metafísica" le cause por lo menos una indigestión leve.
El hecho es que hay algo en la conciencia popular que se resiste a adoptar esos términos nuevos y regresa a colocar a todos los "pensadores" en la categoría de filósofos, nos guste o no. Entonces, volvemos a la pregunta ¿es Pao Cheng un filósofo?. 
Me parece que la respuesta es doble, por un lado está, como ya lo adelantábamos en las partes anteriores, la concepción que los filósofos y estudiantes de filosofía tienen de los filósofos y por otro la de los no-filósofos, misma que parece regirse más por aquel dicho en inglés: if it quacks like a duck...
En términos estrictamente académicos, la respuesta sería un rotundo no. Pero es obvio que al menos para el autor del cuento sí lo es, por lo que volvemos al mismo problema.
Sería necesario, entonces, responder a la pregunta ¿qué significa hacer filosofía?, o mejor aún, ¿qué significa para los no-filósofos hacer filosofía?. Tal vez incluso habría que preguntarse por la posibilidad de responder esta última pregunta.
Pero dejemos estas cuestiones para la siguiente y última parte .

domingo, 3 de junio de 2012

La marginalidad del filósofo (III)



En esta última reflexión, me gustaría enfocarme en dos figuras icónicas de lo marginal: el santo y el loco. La idea surgió en la lectura de textos sobre George Bataille, quien al ser interrogado sobre su afiliación intelectual, responde “No soy un filósofo, sino un santo, quizás un loco”[1].

Si bien es cierto que el curso se enfocó en la denominación y caracterización del estatuto del filósofo por parte de los no-filósofos, me pareció interesante retomar a un personaje como George Bataille, pues me parece representa la dificultad a la que se enfrentan los intentos de clasificación. ¿Es un filósofo? ¿Es un poeta? ¿Es un pornógrafo? Sin duda alguna, fue un escritor y uno de los pensadores más importantes del siglo XX, por ello es que me ha parecido interesante pensar un poco más sobre las dos denominaciones por las que prefiere ser nombrado en lugar de filósofo.

En primer lugar, me gustaría tratar la santidad a través del pensamiento de Roger Caillois, el amigo y colaborador de Bataille, y con quien se decía, tenía una especie de ‘ósmosis intelectual’. Para pensar las frágiles distinciones entre lo sagrado y lo profano, es necesario conocer y cuidar las prohibiciones que les delimitan. Cuando alguna de estas prohibiciones es transgredida, es necesario buscar su expiación a través de ritos que logren reinstaurar el orden corrupto; sin embargo, cuando se ha cometido algún acto prohibido de tal magnitud que produce una culpa inexpiable, el sujeto transgresor se vuelve un ser consagrado.

Según se nos explica, “la santidad del culpable aumenta el peso de la falta tanto como la magnitud de los pecados da a veces la medida de la santidad futura,”[2] así, al sujeto que transgrede se le otorgaría el estatuto de santo, en tanto su culpa y su destino deja de ser cuestión humana, para tener que vérselas con la dimensión divina. Y precisamente porque ha atentado contra el orden profano de lo humano, es que debe ser urgentemente aislado de la sociedad, ya que constituye un peligro latente, pues

Incluso la voz impura no debe llegar a los oídos de los ciudadanos, pues cuando se trata de semejante sacrilegio no hay nada que no pueda servir de vehículo al mal […] su impureza misma hace sagrado al criminal […]. El culpable ha entrado en el mundo de lo divino: a los dioses les corresponde entonces perderlo o salvarlo.[3]

El santo al que alude Caillois, es un ser que debido a una falta irreparable al orden instituido es necesario apartarle de la sociedad,  un agente cuya mancilla se teme, pueda llegar a contagiar a los demás hombres, y cuya divinidad reside precisamente en ello.

Por otro lado, encontramos características similares a las del santo en la figura del loco, el cual he querido analizar a través de la descripción que elabora Michel Foucault en El poder psiquiátrico.

El loco, como el santo, representa un peligro para la sociedad de la que, por su nuevo estatuto ha sido necesario separársele; una vez denominado como tal, “el loco aparece ahora como adversario social, como peligro para la sociedad, y ya no como el individuo que pone en riesgo los derechos, las riquezas, y los privilegios de una familia”[4].

Como podemos ver, el loco es un peligro para su entorno familiar y social, pero también para sí mismo, es por ello que debe ser protegido,  y sobre todo, rápidamente recluido para evitar que provoque mayores estragos. Esta protección y reclusión, formarían parte del proceso de curación, en la cual debe intervenir la vigilancia atenta del médico, pues

El loco no sólo debe ser vigilado, además, el hecho de saber que siempre lo vigilan, y mejor aún, de saber que siempre pueden vigilarlo, que nunca deja de estar bajo el poder virtual de la mirada permanente, tiene valor terapéutico en sí mismo.[5]

Así, este modelo de vigilancia se acercaría al complejo arquitectónico del Panóptico, como esa estructura que permite la visión de varios individuos desde un centro que no permite el acceso a la mirada directa, y el cual pondría en juego de manera eficaz, la relación poder-saber, como la adquisición de dominio a través de la recabación unilateral de información de los individuos.

Ahora que hemos marcado las siluetas del santo y del loco, me gustaría regresar a las dos imágenes del filósofo que habíamos establecido anteriormente, pues encuentro algunos paralelismos.

El santo y el loco deben ser aislados de la sociedad, pues sus faltas pueden resultar perjudiciales para los que les rodean, sin embargo, el primero debe ser totalmente aislado del ámbito humano por el poder que su constituye su carácter transgresor, mientras que el segundo se encuentra sometido a relaciones de poder establecidas con la vigilancia.

De igual manera encontramos que el filósofo-científico caracterizado en los relatos de horror, es temido precisamente por el conocimiento que el saber sobre los seres vivos le confiere, mientras que la figura del filósofo revolucionario marcaría la pauta para la caracterización de un agente que debe ser vigilado para evitar provoque revueltas y daños al orden instituido.

Finalmente, me parece interesante repensar la figura del filósofo a través de metáforas como lo son el loco, el santo, el científico o el revolucionario, pues resaltan características implícitas que quizás, siempre tenemos en cuenta para hablar del filósofo, pero que mediante su explicitación, permitirían mostrar el carácter móvil de su imagen, lo cual en lo personal, me parece constituye lo esencial de éste: su capacidad para moverse en la periferia, para saltar de una categoría a otra y para jugar con los necios intentos clasificatorios, tal como solía hacer George Bataille.




[1] Citado por Ignacio Díaz de la Serna en Para leer a Bataille, Bataille, G., FCE, México, 2012, p. 9.
[2] Caillois, Roger, El hombre y lo sagrado, FCE, México, 2004, p. 45.
[3] Ibídem.
[4] Foucault, Michel, El poder psiquiátrico, Akal Universitaria, Madrid, 2005, p. 101.
[5] Ibid., p. 109.

La marginalidad del filósofo (II)


El intelectual como agente político activo, ha sido otra de las caracterizaciones donde comúnmente se le ubica al filósofo. Esto lo podemos observar en la cinta Little women, donde vemos aparecer a Friedrich Bhear, un filósofo alemán que se podría denominar como bohemio. Tiene un carácter nómada y a pesar de ser pobre, es feliz con su estilo de vida libre. Dentro de una comunidad literaria, conoce a Josephine March, la protagonista de la historia, de quien sería pareja sentimental e intelectual, e incluso impulsaría a tal grado su carrera literaria, que promovería la publicación de su primera novela.

Aquí se muestra una imagen dulcificada del filósofo, como una figura primordial en el desarrollo intelectual de lasociedad en general, e impulsor de la liberación femenina en particular. La naturaleza esencial de este personaje es ser un libertario y un promotor de la cultura, el cual es otro de los estereotipos que mejor le van al filósofo. 

Me ha parecido pertinente rastrear esta caracterización hasta el idealismo alemán, siguiendo el análisis que Jacques D’Hondt realiza sobre la atmósfera intelectual y anímica de la época. Según D’Hondt, en este período podemos encontrar un fervor revolucionario generalizado entre la comunidad filosófica germana, cuyos miembros se ubicarán, ante todo, como espectadores de un movimiento de la consciencia colectiva  que dejaba ver sus efectos prácticos de manera inmediata en la realidad, pues

Lo que les atraía sobre todo era el despertar, en la acción patriótica, de aquellas antiguas virtudes que el despotismo había prostituido: el desinterés personal, la abnegación, el valor, la alegre aceptación del riesgo de la muerte. Honraban en gran manera los ideales revolucionarios, la libertad, la igualdad, la fraternidad, pero admiraban sobre todo el ser capaces de combatir y de 
morir por ellos: la libertad o la muerte.[1]

Lo que tenemos es un conjunto de pensadores que, a pesar de no intervenir directamente en el conflicto, promueven pequeñas acciones dentro de su círculo, pues aunque era necesario mantener la discreción por temor a la reprimenda de las autoridades, se fomentaba la discusión agitada entre los seminaristas, lo cual también habríamos de denominar como un acto político efectivo.

El filósofo, entonces, se vuelve una figura importante en esta labor liberadora, pues no puede no sumar sus esfuerzos a este movimiento universal de la consciencia, pues como explica D’Hondt:

El filósofo ya no se crea a sí mismo. No es más que el portavoz de un espíritu mundial, sujeto de la historia práctica y teórica que divide su tarea revolucionaria entre dos pueblos. El idealismo se despoja del subjetivismo individual de sus orígenes, en beneficio de una subjetividad universal. La Revolución ha pasado por allí.[2]



El filósofo entonces, sería un revolucionario, cuya labor intelectual habría de sumarse a los esfuerzos de toda una época por llegar a su toma de consciencia, tanto práctica como teórica. Esta caracterización, me parece, dice mucho acerca del papel del intelectual en los momentos de agitación social, frente a los cuales es necesario tomar una distancia crítica para llevar a cabo un análisis de la situación en su totalidad.

Los momentos de crisis serían las ocasiones en la que el filósofo habría de proclamarse como portavoz de una postura crítica, labor que no podría ser de otra manera asumida, mas que siendo demandada por la sociedad en su conjunto. Qué tanto esta representación diste de la realidad, es algo que aún habría de pensarse en relación con la influencia fáctica que el filósofo tenga dentro de su entorno, donde, sin embargo, la caracterización de éste como revolucionario, ha sido no sólo una constante dentro del imaginario colectivo y la cultura pop hasta nuestros días, sino uno de los estereotipos favoritos que le han sido asignados.


Finalmente, me gustaría resaltar el papel que la revolución tuvo en el sentimiento de una época, la cual significaría “la verdadera reconciliación de lo divino con el mundo”[3], lo que me permitiría apuntar al filósofo como un agente, que aún en su posición de marginalidad, habría de tener influencia y participación en un movimiento que habría de acercarle a lo sagrado, y con ello, a una de las últimas figuras que quisiera analizar.




[1] D’Hondt, Jacques, Hegel y el hegelianismo, Publicaciones Cruz, México, 1993, p. 65.
[2] Ibid., p. 67.

[3] Ibid., p. 62.

La marginalidad del filósofo (I)


Lo que se propone en este análisis, es tomar al filósofo como figura marginal: ubicado en la periferia de la sociedad, pero por ello mismo, siempre sujeto a vigilancia. Para llevar esta distinción a cabo, se realizarán tres reflexiones en torno a figuras icónicas dentro de la cultura popular y el imaginario social, a la vez que se rastrearán brevemente sus orígenes en el pensamiento filosófico, para desde allí, arrojar luz sobre el papel que interpreta el filósofo para el resto de la gente.

En la clásica cinta de horror de Universal, Bride of Frankenstein, aparece un doctor en Filosofía llamado Septimus Pretorius, quien ha decidido abandonar las aulas y adentrarse en el campo de la experimentación científica, para lo cual solicita la ayuda del Dr Frankenstein, el creador del monstruo surgido de entre una amalgama de partes de cadáveres. La caracterización de Pretorius consiste en ser un hombre de avanzada edad, bastante culto, de aspecto sombrío, decidido a obtener lo que desea y capaz de hacer lo que sea necesario para lograrlo, es decir, sin medir las consecuencias o los daños hacia terceros. Lo interesante de este personaje, es que aún siendo secundario dentro de la trama, su papel dentro de ella logra ser decisivo, pues es un catalizador para el caos que se da en el pueblo.

Esta caracterización del filósofo responde a la exacerbación exigida en una película de horror, donde éste resultaría ser el verdadero monstruo: caprichoso, maquiavélico, y con los medios intelectuales para llevar a cabo sus maquinaciones. Aquí me permitiría la mención de la filósofa que aparece en otro relato de horror, ahora literario, y de quién, curiosamente, se resaltan rasgos parecidos aún teniendo en cuenta la distancia histórica entre el filme y el libro mencionados[1]. En Descansa en pazvemos tomar postura a una catedrática en Filosofía, quien ante la repentina vuelta a la vida de los muertos y la interrogación sobre el futuro de estos seres, propone la experimentación científica con ellos, en busca de un beneficio superior, que sería la recabación de información científica que pudiera servir en un futuro para los seres humanos.

El remoto origen de las caracterizaciones que acabamos de señalar, parecerían referir a la idea de filósofo en la primera modernidad. Es bien sabido que este periodo histórico se encuentra marcado por el entusiasmo científico, el cual no habría nacido sin un cambio de actitud ante el mundo que le emparenta con la magia.

Según Luis Villoro, “ni la astrología ni la magia son conocimientos desinteresados. Su objetivo es saber para actuar. Giordano Bruno definía al mago como « el sabio que tiene la capacidad de actuar» (« Magus significat hominem sapitem cum virtute agendi»). En la magia se expresa, como luego en la ciencia, la potencia del hombre por crear un mundo suyo después de dominar el curso de la naturaleza”.[2]

La búsqueda del sabio moderno se orienta hacia un saber útil, con el cual logre intervenir en la naturaleza para dominarla y llevar a cabo los fines propuestos, pues “la magia natural primero, la ciencia matemática después, ponen en obra una forma de racionalidad; la que está al servicio de una voluntad de transformación y dominio.”[3]

Varios siglos más tarde, Goya declararía que«el sueño de la razón produce monstruos »lo cual parece señalar un temor profundamente implantado en el imaginario colectivo, el cual respondería a la manipulación irresponsable de la naturaleza y cualquier ser vivo por parte del hombre.

El filósofo aquí, en su búsqueda por el conocimiento, le colocaría en el corazón del miedo de la sociedad, donde él mismo sería el monstruo que habita nuestras pesadillas. Su monstruosidad residiría en la utilización del saber, en perjuicio de la comunidad entera, donde encontraríamos la relación saber-poder más clara que nunca y por ello mismo se le detectaría como un agente peligroso que habría que controlarse.

La figura del filósofo-científico, resultaría especialmente propicia para ser representada en los relatos de horror, ya sean literarios, cinematográficos, o de cualquier otro tipo, pues como podemos observar, el temor que infunde la utilización del conocimiento científico en la manipulación de la vida y la muerte, se encuentra inscrito dentro del imaginario colectivo de diversos tipos de sociedades, ni qué decir de la nuestra.

Esta caracterización es quizá de las menos favorables para los filósofos, pues muestran una personalidad fría y calculadora, que hace uso de la retórica para la obtención de fines que creeríamos, violan la dignidad humana.  Pero para dar una idea más completa sobre la marginalidad del filósofo, tomemos un polo opuesto como ejemplo.




[1] Bride of Frankenstein sería lanzada en Estados Unidos en el año de 1935, mientras que el libro Descansa en paz, vería la luz en 2005.
[2] Villoro, Luis, El pensamiento moderno, FCE, México, 2001, p. 104.
[3] Ibid., p. 105.

sábado, 2 de junio de 2012

¿Filósofo es el que hace filosofía?  Parte 2
"My own suspicion is that professional philosophy's indifference to non-western thinking during the past few decades has been partially caused by the lurking fear that any such interest was a diversion from the real work needing to be done, namely, the securing of philosophy's own place whithin the academy" William R. LaFleur en Zen and Western Thought, Masao Abe, pág. XV

Si es esa indiferencia la que ha llevado a la academia filosófica a dejar de considerar al pensamiento oriental como filosofía, es una pregunta que está más allá de una respuesta concreta, pero se puede inducir que está muy relacionado. Pero por otro lado e inversamente, encontramos que en la conciencia popular ha habido una tendencia a incluir más y más a ciertas corrientes del pensamiento oriental dentro de la filosofía. En esta concepción de filosofía, como ya lo adelantaba en la Parte 1, no distingue entre un análisis de las racionalidad detrás del zen y entre aquellos que lo practican.
Masao Abe nos dice:
"It is clear that Zen is not a philosophy. It is beyond words and intellect and is not, as in the case of philosophy, a study of the processes governing thought and conduct, nor a theory of principles or laws that regulate people and the universe. For the realization of Zen, practice is absolutely necessary. Nevertheless, Zen is neither a mere anti-intellectualism nor a cheap intuitionism nor is it an encouragement to animal-like spontaneity. Rather it embraces a profound philosophy."
Sin embargo aquí llegamos a la pregunta y que nos remite a los primeros items del blog, ¿Es posible llamar filósofos a los monjes zen? Si, como dice Masao Abe, el zen abraza una filosofía profunda sin ser filosofía, entonces la respuesta es un claro "no". Y sin embargo llamamos al zen filosofía y somos nosotros los que llamamos al zen filosofía, y no el zen a sí mismo. Los videos que la página vincula, son un claro ejemplo de a lo que parece que se ha reducido, no sólo el zen, sino la concepción de la filosofía en la mentalidad popular: una serie de máximas que nos ayudan a enfrentar los problemas de la vida y salir adelante. Las enseñanzas contenidas en los videos, además de incluir una moraleja (la cual sería otorgada por el maestro zen en su debido momento) que las interpreta mediocremente, serían irrelevantes sin una práctica rigurosa del zen, como ya lo menciona Abe. Es, si algo, pensamiento digerido. Pero ¿qué más apropiado para nuestra época si no cosas fáciles de tragar?

El último ejemplo que trataremos en esta parte, es el de "La historia según Pao Cheng". Los problemas surgen desde la primera frase: "En un día de verano, hace más de tres mil quinientos años, el filósofo Pao Cheng se sentó a la orilla de un arrollo a adivinar su destino en la caparazón de una tortuga." Un filósofo antes de Heráclito y Sócrates. Un filósofo que adivina el futuro en el caparazón de una tortuga. ¿Y por qué, entonces, es filósofo? 哲学 no era un concepto que existiera en 1500 a.C. Y sin embargo el autor lo llama así. Dejamos esta interrogante para ser resuelta (¿o no?) en la próxima parte.

Elaborado por: Yaeé Oviedo

viernes, 1 de junio de 2012

El Filósofo en el Entretenimiento





La imagen que proyectan los individuos dedicados al ámbito de la academia y lo intelectual en los medios masivos como las redes sociales, largometrajes y series de televisión, probablemente varien dependiendo de la función que traten de manejar (sea mero entretenimiento o para “profundizar” el contenido del tema)  y el fin especifico que se les da a dichos sujetos, ya sea de manifestar su desempeño social o quizás la ligereza o pesadumbre con la que observan su propio entorno. Tomando de ejemplo a las redes sociales podemos observar en la difusión de los llamados memes, esas “imágenes que sirven para expresarnos, a veces con tanta precisión como el lenguaje”1  Refiriéndonos específicamente a “feel like a sir” y  “philosoraptor” ambos son representaciones de situaciones supuestamente inteligentes, el primero poco tendría que ver con el intelecto, pues refiere mas bien a la educación de etiqueta, en cambio el philosoraptor plantea desde las mínimas preguntas risibles (asemejando sus frases a las del filósofo de Güémez) hasta dudas simples que encierran planteamientos un poco mas complejos como la existencia de Dios y la moral que lo rige, pudiendo inferir que se minimiza la tarea del pensamiento a preguntas que prácticamente cualquiera podría realizarse, en el caso del Facebook y el twitter, que es donde mayor difusión tiene estos memes, su desempeño es mas bien con fines  humorísticos.

Sin embargo en la televisión, teatro y cine, la visión del filósofo es llevada a un ámbito distinto, ya jugando con un extremo optimismo o una visión crítica que a la vez se esboza con pesimismo. En particular, en la televisión y el teatro se manifiesta la labor filosófica como algo incomprendido, algo que si bien no es trágico, si representa una desventaja para quienes pertenecen a este gremio el hecho de ser vistos como individuos con una opinión distinta a la generalizada y no es que en realidad lo sean sino que de esta manera se les concibe.

En el caso de la televisión por lo general el filósofo tiene un papel secundario o no tiene cabida mas allá de un sketch, ya otros trabajos han descubierto al “erudito” Armando Hoyos, al pesimista gato filósofo de Garfield o la sección filosófica canina, estos espacios suelen ser menores a los cinco minutos en función del entretenimiento y al publico que va orientado. Sin embargo existe un ejemplo muy particular de la televisión española que ha captado la atención de otros países, la serie “Física o Química”, transmitida desde 2008 maneja los típicos temas controvertidos para la sociedad; Consumo de alcohol, drogas, el aborto, la vida, la muerte y el suicidio entre otros, sus personajes padecen, intervienen u opinan de los mismos. Irene es uno de los personajes principales, es maestra de filosofía cuya función había sido la de servir como guía a sus alumnos, éste personaje incluso sin la intervención directa, brinda seguridad y apoyo a quien ella piensa lo requiere, incluso desde el mismo salón de clases ya sea confrontando a los alumnos en un debate simulado o repudiando los actos de violencia sin mencionar casos específicos, empero maneja una doble vida, en lo profesional es alegre, mientras que en lo personal, el desamor la orilla a suicidarse, pese a su salida, pronto se sustituyo con un personaje que cumplía el mismo rol. Partiendo de este punto se revela a un personaje cuya intervención es necesaria para resolver conflictos tanto personales como sociales, una clase de individuo capacitado que funge como guía, pudiendo incluso recordar la canción de Yellowstone & voice aquél estribillo que apunta “All of the people wanting more, needing to follow a philosopher”  La reflexión de Úrsula Esquivel “La comedia de los filósofos”  plantea que probablemente sea la imagen proyectada a los medios, una persona que “da consejos de vida”    (La comedia de los filósofos elaborado por Úrsula Rosas Esquivel)   pero personalmente difiero del reproche expresado por Úrsula, es cierto que no se debiera  comparar la labor filosófica con la terapia psicológica, empero se mira al filósofo como portador tanto de teoría como de experiencia, es por ello incluso que suele retratársele como arrogante, y es por ello también que pareciera y hago énfasis en “pareciera” a vista de los demás capacitado para auxiliar en problemas de moralidad, pese a que en si mismo pudiera padecerlos también como el personaje de la serie. 
También tenemos en el cine un ejemplo de la tipificación del sujeto perteneciente al ámbito filosófico, en "Nunca te vayas sin decir te quiero" la estudiante de filosofía, Chaya, se manifiesta abiertamente tanto en contra del repudio contra los judíos como de las costumbres perjudiciales para un infante que realiza una familia ortodoxa, Chaya se juega el empleo y la reputación, pero su convicción es tal que incluso logra que el padre de familia comparta con ella las razones de su comportamiento, y logra que el infante supere el problema de habla al que se limitaba, pese a que la tragedia llega a la mencionada familia, y algunos conocidos ven en Chaya la culpable de la misma, son, quienes se enfrentaban a ella los que le adjudican finalmente el breve periodo de felicidad que experimentaron. En el teatro se hace una brevísima mención al filósofo Francisco Javier Clavijero en la obra “La expulsión”  en esta aparición, Clavijero discute con intelectuales europeos defendiendo el náhuatl ante la mirada despectiva de los españoles. En los tres ejemplos mencionados y respaldado en la crítica de Andrea Saavedra en “la filosofía y la locura” en la que distingue la locura clínica de la “social” (locura subjetual y locura objetiva) para distinguir al filósofo como un personaje que pese a los intentos por dar coherencia, no es comprendido y la imagen ligada generalmente a Nietzsche con un verdadero padecimiento mental en el que se cree los intelectuales son propensos a caer, se podría concluir que el personaje del filósofo, por lo mismo que es incomprendido en muchos aspectos  “el filósofo trata de darle coherencia y sentido a su sistema filosófico; es más bien una cuestión de incompatibilidad que parecería resolverse sólo mediante un diálogo libre de prejuicios que permitiera la comprensión del otro” (  El Filósofo y la Locura por Andrea Saavedra) es que se recurre a su figura para otorgar mayor profundidad a un tema complejo, como si se tratara de una especie de “hombre problemático” que familiarizado con la controversia, es capaz de encontrar la raíz de la misma, un sujeto que no se acostumbra a disimular los inconvenientes, sino a enfrentarlos por inconveniente que le fuera el mismo acto y dispuesto a hacer uso de sus recursos para generar un posible cambio, un personaje solidario con su entorno pese a ser muchas veces incomprendido y por supuesto, pese a que él mismo cargue con sus propios asuntos personales.

1         El país tentaciones (2011) ¿qué es un meme? [En línea] Disponibilidad: http://tentaciones.elpais.com/2011/10/qu%C3%A9-es-un-meme.html


jueves, 31 de mayo de 2012

La comedia de los filósofos.


Películas, imágenes, pinturas, novelas, caricaturas, cereales, plumas, comics, tazas, playeras, etc., etc., casi en todos los objetos que nos rodean hoy en día podemos encontrar la imagen de un filósofo, o al menos la alusión a uno. Sin embargo, debemos a veces preguntarnos si todas estas alusiones son siempre halagadoras. Desafortunadamente, no. Ya desde la Antigua Grecia la imagen del filósofo se prestaba para ser una imagen de la cual hacer mofa y reírse un rato. Aristófanes, en su comedia Las Nubes lo hace de una manera que, debo admitir, es bastante ingeniosa. Estrepsíades es un individuo que ha adquirido varias deudas a lo largo de su vida y quiere deshacerse de ellas; para esto sabe que es necesario acudir a la casa del gran pensador Sócrates para que éste le enseñe la manera de defender las causas injustas y resultar vencedor. Cuando Sócrates comienza sus enseñanzas le pregunta a nuestro deudor si sabe cómo llamar a los animales por sus masculinos y femeninos, Estrepsíades muy seguro de lo que sabe contesta que sí y comienza a nombrar diferentes clases de animales en femenino y masculino. Al llegar a cómo se les llama a las aves en femenino y masculino lo hace de la misa manera, es decir, “ave” y “ave”; Sócrates muy molesto lo reprende diciendo que eso no es posible y que, si quiere aprender más sobre sus enseñanzas, será necesario que les llame “ave” y “avo”. He aquí un claro ejemplo de como ya desde tiempos remotos se veía al filósofo como un individuo que gustaba de divagar en cualquier asunto. También Aristófanes en su comedia contribuye al cliché que ha perseguido a los filósofos desde siempre, es decir, como el tipo desempleado que se las ve duras para comer día a día.
Varios ítems recolectados en la página diseñada para descubrir cómo se ve al filósofo tampoco se escapan de la imagen risible que de éste muchas veces se ha creado. Ejemplo al canto: en un episodio de Padre de Familia (subido por Ismael) en el que Peter (el padre) está hablándole a Chris (el hijo) sobre sus antepasados, se encuentran con un pariente que al parecer fue un “Gran filósofo” que evidentemente vive en estado de pobreza y que responde con un gran “WHYYY?” cuando le dice su mujer que debe ir a buscar trabajo. Una vez más, el tipo que “profundiza” sobre cualquier cosa absurda, que se rehúsa a conseguir empleo y que vive en estado de pobreza. Siguiendo con la línea caricaturesca, en un episodio de Garfield (subido por Arely Guerrero)  llamado “El felino filósofo” aparece un gato que pretende ser un “filósofo motivador” que intenta darle consejos a nuestro protagonista. Vaya, ¿es así como se concibe a la actividad filosófica? ¿Como personas que se dedican a dar consejos de vida? Espero que no. Una vez más este felino filósofo vive en la contemplación permanente y –literalmente- en la basura.
Un lugar más en el que se satiriza la imagen del filósofo es en uno de los múltiples personajes cómicos que ha hecho Eugenio Derbez a lo largo de su vida, a saber, el de Armando Hoyos. En uno de sus sketches para el mundial de 1994 (Subido por Paulina Ramírez) Armando Hoyos comienza a hacer unas preguntas en extremo divagantes y sin sentido, y luego reproduce algunas frases dichas por algunos aficionados que él denominará filosóficas ya que fueron pronunciadas por gente con “pensamientos muy avanzados”. Obviamente estas frases serán dignas de burla por no decir nada en concreto como “Perder es perder”. Otro ejemplo de sátira al filósofo que divaga y nada dice en concreto se encuentra en un clip de “El huevo filósofo” (subido por Priscilla Bulnes) en el que un huevocartoon (que dice ser filósofo) se encarga de “responder” a diversas preguntas que se le hacen mediante llamadas telefónicas. Obviamente las preguntas que se le hacen no las responde en realidad y lo único a lo que se limita es a dar respuestas que rodeen la pregunta y que parezcan lo suficientemente sofisticadas. Además que casi todo lo considera muy elevado y parece estar drogado. Al final, un oyente le pregunta cómo puede conseguir trabajo y nuestro queridísimo huevo filósofo se ofende.
Divagan, se hacen preguntas sin sentido alguno, les gusta fumar marihuana, son desempleados y huevones ,y la mayoría de las veces, se creen los más profundos e intelectuales del mundo. Éstas son algunas de las armas en contra de los filósofos cuando de satirizarlos se trata. ¿Es acaso que se lo merecen? ¿Hay motivos para que esa sea una de las caras que caracterizan al filósofo? ¿Han contribuido a alimentar ese cliché? ¿O son puras habladurías de gente que no sabe? Los invito a reflexionar, compañeros.

Elaboró: Ursula Rosas Esquivel.


¿Prozac para el filósofo?


Un vistazo al Querido Filósofo, veámoslo en lo que es considerado su ecosistema:

Dentro del entorno de la vida académica, el filósofo en nuestros días, cuenta con reconocimiento que le permite ser respetado e involucrarse con distintas disciplinas. Debido a la compleja realidad en la que estos momentos, esta situada la humanidad; es relevante afrontar las problemáticas de manera interdisciplinaria, es por eso que el filósofo puede optar también ahora por ella. Puede volverse un ferviente luchador social o un reconocido académico, que sea capaz de sustentar tanto las revoluciones ideológicas o el establecimiento de regímenes instituidos.

Parece tener un lugar especial en la sociedad, le es permitido ahondar diferentes espacios  teóricos o prácticos, es una especie de virtuoso con un toque de rebeldía y travesura. Cada que él lo desea el mundo le abre los brazos para este pueda escudriñar sus misterios, sin que por esto sea  visto  como impertinencia.
Puede ser capaz de vivir en toda esta libertad o decidirse por un yugo burocrático. Si decide por el yugo burocrático, tendrá acceso a una vida basta de recursos necesarios para su subsistencia.

La filosofía puede volverse ese tipo de trabajo deseado en una oficina, donde las paredes puedan ser testigo de todas aquellas grandes ideas que se asoman en los ojos del filósofo. La rutina en este caso será importante para poder llegar a cabo tal empresa, horarios que respetar así como las reglas que le posibilitan ser parte de la producción de trabajo intelectual.

También puede darse el caso de un filósofo fuera de la academia, aunque ésta no llegue a estar muy de acuerdo de llamarlo así. Puede ser cualquier persona que este decidida  o empeñada en ver la realidad y su vida con mirada filosófica. Podrá dedicarse a trabajos tal vez no tan relacionados a la filosofía directamente, sin que por eso el filósofo dirija su mirada a otra cosa que no sea la belleza de la verdad. Podrá lustrar zapatos, tender camas, lavar baños pero siempre pensando en su amada filosofía.

¿Y qué de aquellos que no están tan entendidos con la rigurosidad o tradición de la filosofía? ¿Que desean crear sus propias ideas, novedosas, listas para resplandecer en el mundo, pero sin que por ellos se parezcan mucho a lo que normalmente se pensaría como filosofía? ¿Qué son aquellos que su fin último tal vez no sea la verdad? ¿Que deseen formarse a sí mismo una realidad que responda a sus necesidad e intereses? ¿También a ellos puede llamárseles filósofos? ¿O solo entretenidos, interesados en tener un hobby como la filosofía? ¿Su interés sería tomado como de menos nivel? ¿Sus aproximaciones serían desdeñadas como juego superficial?

Probablemente algunos lo hagan. Ahora parece ser que las condiciones de una etapa histórica como lo es  la modernidad, permiten cabida a esta especie de filósofo que se ha estado logrando.

¿Cómo es posible que si estas condiciones históricas cambian el filósofo siga? ¿Conlleva esto a una transformación de parte del filósofo? ¿En que condiciones inició el discurso de la filosofía? Se puede rápidamente dar un vistazo en la historia de la filosofía para formar una  idea de como se fue dando esto.

Se comenzó por intentar explicar, qué era lo que conformaba la realidad. Las reflexiones se dirigieron hacia la materia. Qué si el mundo era de agua, que si de fuego, que si de aire, algunas de estas fueron las respuestas. El filósofo era aquel que explicaba la realidad bajo una especulación partiendo de la materia. Después el objeto de estudio varió y se deseaba explicar una realidad bajo la especulación de una relación entre dios y el ser humano.

Hubo rompimientos por embates religiosos que permitió el regreso al estudio de los Clásicos formándose un renacimiento intelectual. El filósofo en todos estas etapa ha presenciado las diversas crisis de la humanidad, ha colaborado en esos puntos de quiebre ya sea por omisión o activamente.  

El filósofo y su imagen en la Ilustración, se  establecieron con  una imagen nítida dentro de la sociedad.  Una imagen surgida en un entorno  humanista, pues el centro de todo parecía ser el hombre. El filósofo es el que habla del hombre y en esto se reconocía.

El argumento de La razón, como justificación de la realidad hace su aparición.  El argumento central de la modernidad sigue siendo el de la dignidad del hombre y  la pregunta acerca de la manera en que la conforma haciendo uso de su racionalidad. El progreso es una palabra importante, como sueño utopía pero también como realidad. Gracias a los avances que se alcanzan en materia tecnológica e industrial, el antropocentrismo se vuelva una justificación de los actos que se necesitan para llevar acabo dicho progreso.

No hay momento claro en que se pueda decir donde termina la modernidad y donde empieza la posmodernidad; pero si empiezan a surgir valorizaciones  innovadoras, atrevidas si se compara con otras antes establecidas. Hay un reconocimiento del hombre en sus limitaciones como especie que es, pues dista mucho de las otras que conforman el reino animal.  En su desarrollo no se entrevé  un objetivo definido de su existencia, hacía donde van dirigidos sus esfuerzo de sobrevivencia, sino que tiene que crearlo. No puede subsistir por él mismo en el momento de nacimiento ya que no nace totalmente desarrollado como si sucede en otros animales.

¿Cómo es que en la actualidad, o al menos en la realidad mexicana, sigamos bajo parámetros que responden a la modernidad, cuando vivimos bajo los efectos de valores posmodernos, sobre todo en la educación?

Parece que en las aulas, los valores de la modernidad siguen teniendo validez, pero cuando se sale de ellas y se ingresa tanto a una vida laboral como a la vida universitaria, para aquellos que tienen la oportunidad, todos esos valores se ponen en cuestión sin antes dar un aviso previo. Deberían de poner un anuncio a la entrada de las universidades o en las calles, que dijera: “Favor de no pisar los sueños caídos, de todo aquel que entra a una realidad sin sentido”; porque parece que ya la realidad no tiene sentido.

No tienen sentido todos aquellos discursos escolares, donde te inculcaban y motivaban a estudiar para ser “alguien en la vida”; porque en cuanto consigues un trabajo o entras a la universidad empieza la sensación de ya no sentirte muy “alguien”.

La realidad Mundial actual, parece contener en sí misma mucha violencia. Ser agresiva e inquisitiva con todo aquel que tiene algún tipo de creencia ya sea en dios, en la humanidad, en el amor, respeto, entre otras cosas. Sucede que ahora se tiene una gran aceptación esta indiferencia moral.

La imagen del filósofo fue nítida socialmente; ahora la figura existe pero su imagen, su status, se pierde. Al tocar creencias que compitieran con la filosofía, la cual antes englobaba muchas respuestas y redundaba en la imagen de sabiduría del filósofo, el filósofo pierde cada vez ese status público si bien su función sigue persistiendo.

¿Del cambio de la imagen del filósofo, implica un cambio en el sistema? Este cambio en el sistema de valores no parece ser tan nítido en la cotidianidad; ya que algunas veces se aceptan y otras tantas se rechazan por no reconocerlas como propias. En estas últimas décadas, que incluyen a las primeras de este siglo XXI y a las ultimas del anterior, donde la tecnología en mucho ha sobrepasado las expectativas de bienestar y pobreza, el uso y abuso de la masificación de la información y el consumo voraz; provoca en las generaciones adultas un dejo de melancolía, suspiran por aquella realidad que sentían más cercana a sus vidas.

¿Qué tanto es responsabilidad del filósofo esta situación? En algunas etapas de la historia fungió de héroe, sabio, maestro, político ¿y ahora? ¿En verdad importa saber que función juega ahora el filósofo en la sociedad actual? ¿O como se piensa así mismo? ¿Ya se siente extraño a ella? ¿Es responsable de este caos? ¿Tiró la piedra y escondió la mano? ¿Fue la Filosofía la que cultivó y de la que germinó ese fruto llamado posmodernidad? Si lo hizo ¿Cómo es que ahora se retira del escenario el filósofo  tan cínicamente?

O ¿No es retirarse, acaso esto que hace? Si no se retiró en su totalidad de menos sí se ausento unos momentos, a mi parecer. Se dejó vencer por el relativismo, tal vez para unos no sería esto un fracaso. Pero sin saber todavía a donde se supone que va a terminar esto sería agradable saber a donde asirse, parece que con el relativismo no se puede mucho. ¿Será este querer asirse un error?

Debería de poder dejarse fluir en todo este torrente de incertidumbre, pero ¿Cómo hacerlo?  ¿Podría enseñarse? Y si fuese así ¿Quién lo haría? No tengo nada en contra de los pensamientos desarrollados en la  posmodernidad.  Creo que son bastante liberadores, que son como una especie de huracán, no sabría decir si son la causa o el efecto de un desastre. Pero si creo que parecen dejar ver un vacío. El hombre ahora ya no es parte de una divinidad, ni tampoco la comparte, ya no existe el alma ni la esencia. Ahora se estudia para ser ¿qué? ¿Ser productivo? ¿Sustentable para poder consumir?

No se sabe con que combatirse esta crisis ni la violencia en que se vive. La educación como se tiene pensada en estos momentos parece ya no ser una opción para superar  tal decadencia. Aquellas  evocaciones a realidades de la ciencia ficción, ya no son tan lejanas, ni tan descabelladas.  La filosofía sigue ahí, esta presente como sustento del desarrollo y conformación de una sociedad, pero ¿el filósofo? ¿Él solo se ha desterrado?

Al tratar de ser flexible para subsistir se puede comprometer tu propia existencia; este es un riesgo que da la impresión que el filósofo esta dispuesto a asumir. ¿Es también victima de la circunstancia? La imagen del filósofo es humanista, responde a un legado de grandeza.  Aquellos que se sienten interpelados a esa grandeza son aquellos que tratan de entenderla. Mientras siga sucediendo esto habrá filósofo.

Elaboró: Arely Guerrero Villanueva

Filosofía y vida


En este blog, en el que intentamos recopilar representaciones que pudieran funcionar como muestras que nos hablaran sobre la imagen del filósofo; llama mi atención que muchas de las películas que fueron encontradas, son de tipo biográfico; es decir que , como nos lo explica Vincent Pinel: "La película biográfica dedica lo esencial de su contenido a recrear la vida de un personaje famoso o ejemplar cuya existencia resulta acreditada por la Historia o por la actualidad" [1]

Así, podemos encontrar películas como Descartes, “Cartesius”, Edith Stein: La séptima morada y Wittgenstein, que responden a esta forma de hacer cine, y son las que me gustaría tomar en cuenta para la siguiente reflexión. 

En estas películas, se expone la vida completa de los filósofos, como en la que nos narra la de  Wittgenstein; o de una parte de esta, como sucede en el caso de las películas sobre Edith Stein y Descartes. Lo que comparten estas tres películas, es que buscan exponer las circunstancias, el entorno en el que se desarrollaron los filósofos, el contexto, la época, sus amistades, influencias, de etc... además de que contienen pasajes en los que se pueden identificar algunos fragmentos de las obras directas de los mismos, o escenas en donde se da cuenta de su pensamiento. 
Me parece que una forma de enfrentarnos a estas películas, para identificar qué es lo que pueden decirnos acerca de la imagen del filósofo; es preguntándonos ¿cuál es la relación entre el pensamiento de cada filósofo y su vida?, ¿cuál es el interés que está detrás de realizar películas en donde se conjuguen ambos elementos ?, ¿podría ser acaso una manera de búsqueda de congruencia entre lo que se piensa y la forma en la que se actúa en la vida cotidiana?; es decir, tal vez lo que haya detrás de la configuración de las películas biográficas que remiten a los filósofos, es la pregunta por el  ¿cómo enfrenta un filósofo la vida? ,¿lo hace de la misma forma en la que la piensa? o ¿el pensamiento está completamente deslindado del hacer?, ¿ cuál es la relación vida pensamientos filosóficos? ¿a que vida los llevan sus pensamientos ? o ¿a que pensamientos los lleva su vida?.
La película que refleja la vida de Edith Stein, nos muestra la manera en la que ella se enfrenta a la segunda guerra mundial, al hecho de ser judía, al prisionera finalmente en un campo de concentración y a la muerte. Todo ello lo hace en base a sus creencias e interpretaciones de la religión. Es alguien, que de acuerdo con el filme, vivió entregada a búsqueda de un pensamiento, que a la vez modificó de manera contundente su vida y también el sentido de esta.
En la película  Wittgenstein, podemos ver algunas de las decisiones tomadas por el filósofo, guiadas en parte, sino por sus pensamientos filosóficos como tal , sí por su afán de seguir desarrollándolos. Así es como Wittgenstein elige por ejemplo, dar clases, sin tener necesidad económica de hacerlo; mientras que por otro lado, en una carta que le escribe a Russell, afirma que la guerra y el haber sido prisionero de guerra, cambió su forma de ver la filosofía. 
La película biográfica sobre Descartes posiblemente tenga una pretensión un tanto distinta a las anteriores, ya que no busca tanto ser una dramatización de las etapas de su vida; sino que trata de ser, más que otra cosa, una exposición de los pensamientos del filósofo, presentándolos en su contexto. Sin embargo podemos ver también, por ejemplo, como es que Descartes opta por viajar a un país y no a otro, aceptar un trabajo o no, en miras a la búsqueda de su reflexión y a clarificar sus ideas. 
Podríamos decir que en estas tres películas existe una relación directa, entre los pensamientos del filósofo, la búsqueda de estos y la manera en la que conduce su vida; se modifican uno a otro, y de ahí que haya la necesidad de conjugarlos a través de una puesta en escena.
En fin, lo que me interesa resaltar, es que es que posiblemente, este interés por hacer películas que expongan la vida del filósofo, tiene que ver con la impresión de que un filósofo no es sólo su pensamiento en un papel, sino que también es sus vivencias, su entorno y su manera de enfrentarse a este. 

[1] Pinel Vincent, Los géneros cinematográficos, Robinbook, Barcelona, 2009, p. 45 [consulta en línea: http://books.google.com.mx/books?id=lSOFSRUHHpMC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#]


Elaborado por: Gabriela Colmenares