miércoles, 23 de mayo de 2012

El filósofo como símbolo social, cultural y político

La imagen del filósofo dentro del siglo XX no se construyó únicamente dentro del ámbito intelectual; para muchos sectores políticos, representaban un peligro social que debía ser controlado y hasta cierto punto, censurado.
Dentro de la filosofía del siglo XX, encontramos algo más que teorías filosóficas, el filósofo pasa a ser parte de las cuestiones sociales de su época, por lo que a su vez, se pone de manifiesto y en ciertos momentos con mayor importancia y fuerza, su actividad política e influencia social.
Por un lado tenemos a Martin Heidegger, para muchos, el filósofo de mayor impacto e influencia dentro del pensamiento del S. XX, sin embargo, su carrera se vería empañada por la imagen social que representaría a partir de los años 40's y, por su puesto, en los tiempos por venir; en algún momento, quedó olvidada la gran obra monumental de fenomenología y ontología "El ser y el tiempo" para recordar sólo la imagen de un intelectual comprometido con el partido Nazi, que llevaría a su propia patria a la ruina.
Esto se ve claramente identificado dentro del documental de la BBC "Humano demasiado humano" donde no sólo describen a Heidegger como el gran pensador que fue, sino también como el fracaso de un intelectual que impuso sus intereses de por medio sobre el bienestar humano.
Es interesante pensar en torno a la figura de Heidegger a partir de la imagen que se podría crear de él, fuera de la filosofía; para muchos, era imposible pensar el hecho de que un intelectual y sobretodo filósofo hubiera decidido tomar semejante camino que traería consigo la devastación humana en su época.
La imagen que se creó en aquella época en torno a Heidegger sobrepasó la del filósofo mismo para convertirlo en un dirigente político que devoraba sus teorías  procesandolas en fanatismo nacionalista; durante mucho tiempo fue la imagen que se tuvo de este pensador, claro que son interpretaciones sociales que no estaban inmiscuidas con el ámbito filosófico.
Sería un par de décadas después que la importancia de Heidegger regresaría a donde pertenece, como filósofo y no como nazi, gracias a su influencia marcada  dentro de las obras existencialistas de Sartre.
El filósofo deja de aparecer como "aquel intelectual que escribe libros sobre teoría" y da paso al compromiso político, de aquellos que lo critican, y establecen un cerco social de resistencia y revolución.
Sartre se vería como la figura enigmática de su tiempo, al cargar consigo la imagen del filósofo en las calles, protestando y criticando de manera profunda contra las represiones sociales de su época.
El apoya incondicional a los movimientos estudiantiles del mayo francés, su acercamiento momentáneo al Partido Comunista, su interés por la revolución cultural china con los maoistas, sus reuniones nocturnas con el propio Che Guevara en apoyo total a la revolución cubana, su simpatía en la lucha contra el colonialismo en Argel y su rechazo al premio Nobel son sólo algunos de los sucesos que le dieron una imagen espectacular en su época.
El intelectual que se comprometía con la lucha del pueblo y rechazaba la represión del Estado; fuera del margen filosófico (aunque se debe reiterar que todo acto político de Sartre era sustentado por sus teorías filosóficas de manera explicita o implícita dentro de sus diversas obras)  se veía al Sartre marxista como un ídeólogo de la revolución que se comprometía al nivel práctico por encima del fundamental y excepcional Sartre que escribió "El ser y la nada".
La literatura sartreana llevo la imagen del filosofo a nuevos planos desconocidos dentro de la juventud de su época, el existencialismo dejaba de ser una teoría estrictamente filosófica para convertirse en un modo de vida, por momentos, hasta en una moda.
"La Nausea" llevaría el carácter existencialista a la cotidianidad de todos aquellos que se vieron atravesados por dicha filosofía, sin embargo, no todo era bien visto ni aceptado social y culturalmente hablando.
El existencialismo de Sartre estaba claramente cargado de un aspecto fundamental dentro de dicha corriente filosófica, tal aspecto es conocido como Nihilismo (del latín nihil, "nada"), una corriente que ya estaba marcada desde la literatura rusa de Turgeniev y posteriormente en Dovstoyevsky, sin embargo tomaría un impacto desgarrador dentro de la imagen y literatura de Albert Camus.
Desarrollado dentro de la colonización francesa en Argelia, Camus implementa una filosofía que repercutiría en una imagen social de vital importancia. "El extranjero" marcaría un influjo social altamente peligroso, al ver sin previa vista filosófica, el nihilismo como una cruenta realidad en la juventud de la pos-guerra.
Se veía al filósofo como el nihilista, aquel que criticaba todo respecto a su sociedad, su tradición y sus costumbres, aquel renegado que no tomaba partido, postura o interés alguno por la vida.
Claro que esta imagen que se tenía del nihilismo es totalmente errónea y tergiversada, el nihilismo sustentado en la filosofía y más claramente dentro de "El ser y la nada" mostraba una verdadera condición de posibilidad de extraerse del cúmulo social para así lograr desarrollar otro comienzo, otro estilo de vida fuera de la represión, para lograr el ser auténtico del que una vez habló Heidegger y sobre ponerse a lo "Uno" o "dasman", que oprime la libertad y la posibilidad de ser.
Sin embargo, en la Europa del S. XX el filósofo llegó a ser un individuo social altamente peligroso, que rayaba en el terrorismo y atentaba contra los intereses de unos cuantos que estaban en el poder.
Se llegó a ver el influjo social del nihilismo como un acto contracultural de gran importancia entre sus contemporáneos.
Con estos ejemplos, logramos observar una de las múltiples imágenes que se tenían del filósofo en el siglo pasado, aquel pensador que formaba parte de intereses políticos, sociales y culturales, aquel que apoyaba las revoluciones y por tanto era visto como revolucionario, o aquel que apoyaba los regímenes totalitarios y era visto como un tirano, en el cualquier de los casos, el filósofo tuvo una imagen para algunos de terrorista, que afectaba la cultura contaminando y envenenando a la juventud con ideales que rayaban en la indiferencia y apatía, sin embargo, el filósofo de esta época se vio como aquel que criticaba al poder, que se comprometía con su filosofía y por lo tanto con la humanidad misma, aquel pensador que dejó la pluma por salir a las calles y luchar hombro a hombro con los estudiantes de todo el mundo.







1 comentario:

  1. Antonio, tomas una ruta de reflexión muy interesante al tratar de abordar la cuestión de la representación del filósofo como marginal y contestatario. Sin embargo, no me parece que tu reflexión, basada más bien en una reflexión histórica, se apoye también en el trabajo hecho dentro del proyecto, donde están claramente representados los filósofos que mencionas. Creo que valdría la pena poner esos dos planos en relación y reflexionar sobre ello.

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